05 · software
Software a medida en Gran Canaria
Reservas, automatizaciones, un login. El código, tuyo. Servidores en Europa.
Cuéntanos qué necesitas Cuándo hace falta software a medida en Gran Canaria
Desarrollar a medida cuesta más que contratar una herramienta ya hecha, y no siempre compensa. Antes de proponer nada, esta es la conversación que tenemos con cada cliente.
Software a medida en Gran Canaria cuando ninguna herramienta encaja
La señal es siempre la misma: el negocio se ha adaptado a la herramienta en vez de al revés. Se reconoce por las soluciones caseras que van creciendo. La hoja de cálculo compartida por WhatsApp que dos personas editan a la vez y se pisan. La libreta de la lista de espera. El apartado del programa que se usa para algo distinto de lo que es, con un código interno que solo entiende quien lleva diez años ahí. Los datos que hay que copiar a mano de un sistema a otro cada mañana. Todo eso funciona hasta que el negocio crece, y entonces se rompe. O peor: no se rompe del todo, y va costando horas todos los días sin que nadie las cuente. Casos que hemos visto aquí. Un apartamento turístico con estancia mínima que cambia según la temporada y el día de entrada, algo que ningún plugin estándar contempla. Una empresa de excursiones con cupos por barco, por horario y por idioma del guía. Una distribuidora que reparte a comercios de toda la isla y necesita optimizar rutas con las restricciones reales de las carreteras del interior. Ninguna de esas cosas la resuelve un programa de catálogo. O te adaptas y pierdes dinero, o lo construyes.
Cuándo no hace falta y te lo decimos
La mitad de las veces que nos preguntan por un desarrollo a medida, la respuesta correcta es que no. Si lo que necesitas es facturar, hay programas de facturación buenos y baratos que además están homologados para la normativa española. Desarrollar uno propio es tirar dinero y meterse en un problema de cumplimiento legal. Si necesitas un CRM estándar, una tienda online normal o una gestión de citas convencional, existe. Cuesta una cuota mensual, funciona desde el primer día y lo mantiene otro. Hacerlo a medida costaría veinte veces más y tendrías que mantenerlo tú. La pregunta que hay que hacerse es si lo que quieres es raro de verdad o solo te parece raro. Muchas veces lo que hace falta no es software nuevo: es configurar bien el que ya se tiene, o conectar dos herramientas que hoy no se hablan. Eso cuesta una fracción y resuelve el noventa por ciento del problema. Lo miramos en la primera reunión y lo decimos claro. Si hay una solución de mercado que encaja, la recomendamos aunque no la vendamos nosotros. Es más fácil defender la propuesta cara cuando el cliente sabe que también le habrías dicho que no.
Qué desarrollamos: software a medida en Gran Canaria para el día a día
Tres tipos de proyecto cubren casi todo lo que nos llega. Van de menos a más, y muchas veces se empieza por lo pequeño y se crece según haga falta.
Motores de reserva y software a medida en Gran Canaria
Es lo que más pedimos aquí, y por una razón económica clara. Un apartamento que llena a través de un portal entrega entre el quince y el veinte por ciento de cada reserva. Una excursión en una plataforma de actividades puede dejar hasta un veinticinco. Sobre el volumen de un año, eso es un
sueldo. Los portales no se abandonan, y quien diga lo contrario miente: traen visibilidad que cuesta mucho igualar por tu cuenta. Pero cada reserva que entra por tu propia web es margen íntegro. Pasar del cero al treinta por ciento de directas cambia el resultado de un ejercicio entero. Lo que montamos: disponibilidad en tiempo real, precios por temporada y por duración de estancia, pago completo o señal, confirmación automática por correo en el idioma del cliente, y sincronización de calendarios con los portales para no vender dos veces la misma noche o la misma plaza. Y la parte que casi nadie plantea: el motivo para reservar directo. Mejor precio, algo incluido, cancelación más flexible, un extra que en el portal no está. Sin eso, el cliente compara, ve lo mismo y vuelve a donde ya tiene la tarjeta guardada.
Automatizaciones e integraciones
Es el trabajo menos vistoso y el que más rápido se paga solo. Consiste en quitar de en medio las tareas que hoy hace una persona a mano y que podría hacer una máquina. Ejemplos reales: presupuestos que se escribían uno a uno y ahora se generan desde una plantilla con los datos del cliente; recordatorios de cita por SMS o WhatsApp que antes se mandaban de uno en uno; informes semanales que alguien montaba copiando cifras de tres sitios; altas de cliente que había que teclear dos veces porque el sistema de reservas y el de facturación no se hablan. Las integraciones van en la misma línea: conectar el TPV con la contabilidad, el formulario de la web con el CRM, el motor de reservas con la facturación, la tienda con el almacén. Casi siempre las herramientas ya tienen forma de conectarse y nadie lo ha hecho. La cuenta se hace fácil. Si una tarea ocupa una hora diaria de alguien, son más de doscientas horas al año. Automatizarla suele costar mucho menos que eso, y a partir del primer año es todo ganancia. Empezamos siempre por la tarea que más horas come, no por la más llamativa.
Aplicaciones web y productos propios
Cuando el proyecto es más grande que una automatización, se convierte en una aplicación con su propia interfaz, sus usuarios y sus permisos. Aquí el trabajo se parece más al de un producto que al de un encargo.
Del uso interno al producto: software a medida en Gran Canaria que se puede vender
Pasa más de lo que parece: una empresa se construye una herramienta para su propio problema, funciona bien, y resulta que el mismo problema lo tienen otras cien empresas del sector. Ahí la herramienta interna puede convertirse en un producto que se vende por suscripción. Es un salto grande —hace falta que soporte varios clientes a la vez, con sus datos separados, su facturación y su registro de usuarios— pero convierte un gasto en una línea de ingresos. No lo proponemos a la ligera, porque exige compromiso a años y un mercado real que hay que comprobar antes. Pero cuando el caso encaja, lo planteamos desde el principio: se diseña pensando en que un día pueda tener más de un cliente, aunque hoy solo tenga uno. Hacerlo así al inicio cuesta poco más; rehacerlo después cuesta empezar de cero. Tenemos experiencia construyendo productos de este tipo, no solo encargos puntuales. Eso cambia decisiones técnicas que a corto plazo no se notan y a los dos años deciden si el proyecto aguanta o hay que tirarlo. Si el cliente prefiere quedárselo para uso interno, perfecto. Pero conviene saber que la puerta existe.
Paneles y cuadros de mando
Muchos negocios tienen los datos y no los ven. Están repartidos entre el TPV, el sistema de reservas, la contabilidad, Google Analytics y la plataforma de anuncios, y juntarlos exige una mañana de trabajo que nadie tiene. Un panel a medida reúne todo eso en una pantalla y lo actualiza solo. Ocupación por semana, ingreso medio por reserva, porcentaje de directas frente a portales, coste de captación por canal, comparación con el mismo mes del año anterior. Lo importante no es que sea bonito: es elegir bien las cinco o seis cifras que de verdad se usan para decidir. Un panel con cuarenta gráficos no lo mira nadie después de la primera semana. Para negocios de temporada esto vale especialmente. Ver en junio cómo va el ritmo de reservas de enero frente al año pasado permite reaccionar a tiempo, subir la inversión en publicidad o ajustar precios cuando todavía sirve de algo. Enterarse en diciembre es enterarse tarde. Se puede montar como parte de un desarrollo mayor o como proyecto pequeño e independiente, conectándose a lo que el cliente ya usa.
Cómo trabajamos un proyecto de desarrollo
El mayor riesgo de un proyecto a medida no es técnico: es que se alargue, se encarezca y acabe sin usarse. La forma de trabajar es lo que evita eso.
Por fases, con algo funcionando pronto
No trabajamos con el modelo de encerrarse seis meses y aparecer con el proyecto terminado. Sale mal casi siempre: cuando llega, las necesidades ya han cambiado y hay cosas que no se pensaron. Partimos el proyecto en fases. La primera es siempre la versión mínima que ya resuelve algo real, y se entrega en semanas, no en meses. El cliente la usa con datos de verdad y desde ahí decide lo siguiente, que casi nunca es lo que estaba en el plan inicial. Esto tiene dos ventajas prácticas. El gasto se reparte y se puede parar en cualquier fase si el negocio cambia de prioridades. Y se detecta pronto lo que no se había previsto, cuando corregirlo aún es barato. Durante el desarrollo hay un entorno de pruebas donde el cliente entra cuando quiera y ve cómo va. Sin sorpresas al final. Y hay una regla que respetamos: lo que se entrega, se explica. Formación grabada, documentación en castellano y una persona a la que llamar. Un software que solo entiende quien lo programó es un software que se abandona.
Alojamiento, mantenimiento y propiedad del código
Todo lo que desarrollamos se aloja en servidores europeos que gestionamos nosotros, con copias de seguridad diarias guardadas fuera del servidor principal y actualizaciones de seguridad al día. Los datos no salen de la Unión Europea, que para el RGPD simplifica bastante la vida. El mantenimiento es mensual y cubre lo que un software necesita para seguir vivo: parches de seguridad, adaptaciones cuando cambia algo externo —una pasarela de pago, una API de un portal—, corrección de fallos y soporte. Sin permanencia. Y la parte que conviene dejar por escrito: el código es del cliente. Se entrega el repositorio. Si un día quiere llevárselo a otro proveedor o gestionarlo internamente, se lo lleva y ayudamos con la migración. No trabajamos con el modelo de retener al cliente haciendo imposible la salida. Es habitual en el sector y es la razón por la que mucha gente desconfía antes de empezar a hablar. Preferimos que se queden porque el servicio compensa.
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Preguntas
Varía demasiado para dar una cifra sin conocer el caso. En la página de tarifas hay órdenes de magnitud por tipo de proyecto para poder situarse antes de la primera reunión.
La primera versión útil, entre cuatro y diez semanas según el alcance. A partir de ahí se avanza por fases, decidiendo cada una según lo que se aprende usando la anterior.
Es lo que recomendamos. Automatizar una tarea concreta cuesta poco, se ve el resultado rápido y sirve para comprobar si trabajamos bien juntos antes de un proyecto grande.
Sí. Se entrega el repositorio y las claves. Si algún día quieres cambiar de proveedor, te lo llevas y colaboramos en el traspaso.
Por eso mismo se entrega el código y se documenta en castellano. Cualquier desarrollador competente puede retomarlo. Un proyecto que solo puede mantener quien lo hizo es un proyecto mal entregado.
Sí, el desarrollo se hace igual de bien en remoto. Para proyectos en Gran Canaria añadimos las reuniones presenciales que hagan falta, que en las fases iniciales ayudan bastante.
Pide la auditoría.
0 €. El documento es tuyo aunque no sigamos.