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Rediseño web en Gran Canaria
Renovar sin perder lo que ya estaba posicionado. Y antes, decirte si hace falta rehacerla. Muchas veces basta con arreglarla.
Cuándo tiene sentido un rediseño web en Gran Canaria
Rehacer una web cuesta dinero y tiene riesgo. Antes de proponerlo miramos si el problema es de fondo o de superficie, porque la respuesta cambia mucho el presupuesto.
Rediseño web en Gran Canaria: cuándo hace falta de verdad
Hay cuatro situaciones en las que rehacer sale a cuenta. La estructura impide posicionar. Todos los servicios metidos en una sola página, URLs imposibles, contenido duplicado por un multiidioma mal montado. Eso no se arregla escribiendo textos encima: hay que replantear el árbol de páginas. La tecnología está muerta. Webs hechas con sistemas que ya no se actualizan, o con Flash y cosas parecidas. Además de no funcionar bien en móvil, son un agujero de seguridad. No se puede editar. Si para cambiar un precio o un horario hay que llamar a alguien que ya no contesta, la web está muerta aunque se vea. En un negocio de temporada eso es fatal. No convierte y no se puede arreglar. Cuando el recorrido hacia el contacto está tan enredado que retocarlo sale más caro que empezar. Fuera de esos casos, casi siempre es mejor mejorar lo que hay. Una web con buena base a la que se le arregla la velocidad, se le añaden idiomas y se le reestructura el menú cuesta una fracción de un proyecto nuevo, y conserva todo lo que ya tenía ganado en Google. Eso lo decimos en la auditoría, aunque signifique un presupuesto mucho menor.
Lo que suele confundirse con un problema de diseño
Muchos rediseños se contratan por el motivo equivocado. "La web es fea" rara vez es el problema real. Una web anticuada que carga rápido, está bien estructurada y permite contactar puede rendir perfectamente. Rehacerla porque no gusta estéticamente es gastar en lo que menos afecta a la facturación. "No entra nadie" tampoco es un problema de diseño: es un problema de posicionamiento o de publicidad. Una web nueva sin trabajo de captación recibe exactamente las mismas visitas que la anterior. Hemos visto negocios rehacer la web tres veces esperando que el teléfono sonara, sin invertir nunca en que alguien la encontrara. "Entra gente y no llama" sí puede ser de diseño, pero no necesariamente de rediseño completo. A menudo se arregla con cambios concretos: subir el teléfono, acortar el formulario, poner el botón de WhatsApp visible, aclarar qué haces en los primeros tres segundos. Antes de proponer nada miramos los datos: cuánta gente entra, de dónde, qué páginas ve y dónde se va. Sin eso, un rediseño es una apuesta cara.
Cómo hacemos un rediseño web en Gran Canaria
El riesgo real de rehacer una web no es técnico ni estético: es perder de golpe el posicionamiento que costó años. Se evita con método, y se evita casi siempre.
Antes de tocar nada: inventario
Lo primero es saber qué tienes. Suena obvio y es el paso que se salta casi todo el mundo.
Sacamos la lista completa de las URLs actuales que Google conoce, y las cruzamos con los datos de tráfico. Así aparece qué páginas traen visitas y cuáles no, incluidas las que nadie recordaba que existían: un artículo antiguo, una ficha de servicio descatalogado, una página de una promoción vieja que sigue trayendo gente todos los meses. También anotamos qué palabras clave te están trayendo tráfico ahora mismo y qué páginas las reciben. Esa es la parte que hay que proteger a toda costa. Y revisamos qué enlaces externos apuntan a tu web y a qué páginas concretas. Si una asociación o un medio local enlaza a una URL que va a desaparecer, hay que redirigirla o se pierde ese valor. Con ese inventario delante se decide qué se mantiene, qué se fusiona y qué se elimina. Sin él, se rehace a ciegas y se pierde lo que funcionaba.
Las redirecciones: donde se pierden las webs
Este es el punto crítico y la causa del desastre más frecuente del sector. Cuando cambian las URLs, cada dirección antigua tiene que redirigir permanentemente a su equivalente nueva. Si no se hace, todo el que llegue desde Google o desde un enlace externo encuentra un error, y Google acaba retirando de sus resultados lo que tenías posicionado. El resultado lo hemos visto varias veces en la isla: negocios que rehicieron la web y notaron que el teléfono dejaba de sonar sin entender por qué. Tardan meses en relacionar una cosa con la otra, y para entonces la caída ya está consolidada. Lo que hacemos: mapa de redirecciones página a página antes de publicar, redirección permanente y no temporal, y ninguna cadena de redirecciones encadenadas. Cada URL antigua apunta directa a su destino final. Después de publicar, monitorización durante varias semanas: errores en la consola de Google, páginas que dejan de indexarse, caídas de posición. Si algo se mueve mal, se corrige enseguida y no dentro de tres meses. Es la parte menos vistosa del proyecto y la que decide si el rediseño suma o resta.
Qué mejora con el rediseño
Si se hace bien, el rediseño no es solo un cambio de aspecto: es la oportunidad de arreglar de una vez lo que llevaba años lastrando.
Velocidad, móvil e idiomas
Son las tres cosas que más cambian el rendimiento y las que más veces están mal en webs antiguas. Velocidad: imágenes en formatos modernos y al tamaño en que se ven, fuentes servidas desde el propio servidor, nada de sliders automáticos en la portada, scripts de terceros retrasados hasta después del consentimiento de cookies. Objetivo por debajo de dos segundos y medio en móvil con 4G. Móvil: la mayoría de tu tráfico entra desde el teléfono, muchas veces en la calle y con roaming. Se diseña pensando primero en esa pantalla y luego en la de escritorio, no al revés. Idiomas: si la web anterior tenía inglés o alemán a medias, o traducido a máquina, el rediseño es el momento de hacerlo bien. Con hreflang correcto, versiones completas incluidas las páginas legales y los correos automáticos, y selector que lleve a la misma página en el otro idioma y no a la portada. Este último detalle es el fallo más repetido en webs multilingües de la isla.
Estructura pensada para captar
El rediseño es también el momento de reorganizar qué páginas existen. La regla es una intención de búsqueda, una página. Si tienes cinco servicios agrupados en un solo apartado, se separan en cinco páginas para poder posicionar cada uno. Si tienes quince páginas casi idénticas creadas en su día para "hacer SEO", se fusionan en menos y mejores. Se define el camino hacia el contacto: cuántos clics hay desde cualquier página hasta el formulario, dónde aparece el WhatsApp, qué ve alguien que llega desde Google directamente a una página interna sin haber pasado por la portada. Y se monta el enlazado interno, que es lo que hace que Google entienda la jerarquía del sitio y lo que reparte autoridad entre páginas. Todo esto se decide antes de dibujar nada. Cuando la estructura está clara, el diseño va rápido; cuando no lo está, se rediseña tres veces y sigue sin funcionar.
Preguntas
No, si las redirecciones se hacen bien y se monitoriza después. Es lo que más cuidamos y lo que más veces está mal hecho en migraciones ajenas.
Sí, y es lo recomendable. Cambiar de dominio añade riesgo y solo tiene sentido por motivos de marca.
De cuatro a ocho semanas según el tamaño, contando desde que hay textos y fotos.
Casi siempre, y conviene. Los textos que ya están posicionando se mantienen o se mejoran, no se tiran.
Entonces te lo decimos y proponemos mejorarla en vez de rehacerla. Sale bastante más barato y conserva lo ganado.
Sigue funcionando. El desarrollo se hace en un entorno de pruebas y el cambio se hace de una vez, cuando todo está comprobado.
Pide la auditoría.
0 €. El documento es tuyo aunque no sigamos.